Jueves 23 de Noviembre del 2017

Cine como en el cine

La vieja sala del ex Cine San Martín, ubicada al lado de la sede social del Club Verónica, volvió a renacer, al menos por un día, el sábado pasado a través de una iniciativa del Museo Histórico Municipal “Eduardo Barés”, que presentó una muestra con afiches de películas, fotos de la época y diversos elementos utilizados durante los días y noches de proyección, la que ahora se puede disfrutar en el recinto del Concejo Deliberante.

La iniciativa tuvo por objeto recordar el viejo cine y homenajear a a Juan Adolfo Reichenbach y a su esposa Inés Gadea, al cumplirse esa semana los 80 años del estreno en Verónica de “Luces de Buenos Aires”, con Carlos Gardel como protagonista, el primer film que se proyectó en Verónica cuando corría el año 1937.

Entre las actividades de esa tarde/ noche estuvo la proyección de corto documental en el que veían las imágenes y se escuchaban las palabras de Juan Adolfo, su esposa Inés, su hijo Juan Alberto (contó la historia de la familia y su vinculación con el cine), su nieta Ana Laura (cantó desde Barcelona, donde reside, el tango “Caminito”), y los vecinos Alfredo Cerletti, Miguel Cesaroni, Rolando Silva y Humberto “Polo” Márquez A su vez, Eduardo Foyth interpretó un tango alusivo al Cine San Martín, con música de su hermano Guillermo y letra de Juan Alberto.

Pero el momento más emotivo fue cuando habló Juan Adolfo; quien, entre otras cosas, mencionó que “este es un recuerdo de familia, porque lo inició mi padre Manuel. Yo tenía 11 años en aquel entonces; pero después el cine quedó a mi cargo durante 52 años, hasta su cierre. Y en el trabajo colaboró mucho mi señora, porque hacíamos funciones infantiles donde muchas veces quedaban los chicos solos y estaban a cargo nuestro porque los padres los dejaban y se iban, y ella los cuidaba; fue una época brillante”.

Después todo fueron lágrimas de emoción, abrazos y anécdotas al recordar ese pasado del pueblo con un cine que comenzó con 180 butacas de madera que se retiraban cuando había baile familiar; hasta que en 1954 el cine fue sólo cine y las butacas, ya pullman, llegaron a 300. Pero en 1989, en los albores del neoliberalismo, las luces del cine se apagaron, no para que comenzara la función, sino definitivamente; hasta ese sábado de emoción, reencuentro y homenaje.



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