Miércoles 17 de Enero del 2018

“No escuchamos para entender, sino que para contestar.”

¿A quién no le pasó alguna vez que fue interrumpido mientras está desarrollando algún argumento? ¿Cuántos de nosotros habremos cortado alguna anécdota de nuestro interlocutor?

La escucha es una destreza humilde, de apariencia modesta a la que no se le suele conceder toda la importancia que tiene.

Escuchar es un proceso psicológico que implica atención, interés, observación. Es mucho más complejo que la simple pasividad que asociamos al dejar de hablar. Lo que dice una persona, y cómo lo dice nos manifiesta mucho más de lo que pone en palabras.

La escucha es ciertamente una de las formas más eficaces de respeto.

Por este motivo muchos se sorprenden cuando encuentran en el camino a quien pareciera entender lo que decimos. No hace falta haber vivido la misma situación para comprender al otro, ni siquiera es necesario imaginarse lo que cuenta, pero el hecho de ponerse en sus zapatos alguna vez, esto de escuchar con atención, se transmite.
Desde la consultoría prestamos especial atención a todo lo que le sucede con los dichos del otro y su forma de comunicar que brinda más información que las propias palabras. Cuando uno está dentro del marco de referencia del consultante es inevitable poder captar cómo vive su realidad, y desde ésta perspectiva es que se brinda la ayuda, nunca desde la propia. Esto es llamado empatía, una de las actitudes básicas y principales que debemos tener los facilitadores.

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, sin salirme de mi mismo. Dejamos en un costado todo nuestro ser, nuestra visión, nuestras creencias, para adentrarme en el mundo del otro.

Y por supuesto que una importancia especial la tiene la mirada. Con ella se puede destruir a una persona o se la puede ayudar a construir, se expresa amor y odio, se puede decir todo y no decir nada.

El primer bien precioso que se le puede ofrecer a una persona es una mirada distinta. Un medio terapéutico, es un arte puesto al servicio del otro para acompañarlo en el proceso de curación o de alivio de sus dolencias.



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