Domingo 25 de Febrero del 2018

Ola de robos en Punta del Indio

PUNTA DEL INDIO. Una ola de estafadores y ladrones oportunistas tiene a mal traer a la comunidad. Más allá de que técnicamente se los deba denominar hurtos, y que en varios de los casos no hayan usado la violencia sino el engaño para llevarse lo que no es propio, lo cierto es que los vecinos están preocupados por una realidad ajena a ellos.

Algo de esto pasó el jueves pasado en la casa de Ana y Luis Lucas, en Tobas y Guaycurúes. Allí, el matrimonio de Ana Sabat y Luis Lucas, de 70 y 75 años, se dispuso a ayudar a un hombre que fue a pedir una changa para “tener algo para darle de comer a la nena”. Para ayudarlo, el hombre, un jubilado de Tres de Febrero que desde hace tres décadas vive en la Costa, le pidió que sacara las plantas de aloe vera de la entrada y la llevara al fondo con un carretilla.

No sé cuándo se llevó la plata; nos dimos cuenta el jueves a la mañana cuando fuimos a buscar la plata a casa para pagar la cuota del auto. Mi señora fue a buscar el dinero a la casa (Ana atiende en el almacén y carnicería que tienen al costado de su vivienda,al fondo del terreno) y vio que estaba el banco fuera de lugar y la parrilla torcida; habían entrado por la ventana y así se llevó 12.000 pesos y un revolver 32 antiguo que era de mi suegro, una reliquia”, contó Luis.

El matrimonio supo que el hombre a quien había ayudado había sacado el dinero, y cuando fueron a reclamárselo al padre de él (un policía retirado que vive cerca de las víctimas), éste devolvió peso a peso.

Esa misma noche, efectivos de la Policía que estaban recorriendo la zona, vieron en la ferretería de al lado -donde sus dueños siempre dejaron cosas afuera- a alguien caminando dentro del predio; luego lo vieron salir corriendo hacia Santa Rita; y, si bien a simple vista no faltó nada, la sensación de intranquilidad quedó.

Almacén LyA

Almacén LyA

A su vez, el viernes a la noche, un cliente que hace unos días estaba comprando en el almacén LyA, se quiso aprovechar de la generosidad de Inés, su dueña. Le pidió que le anote una cerveza y un salamín, y manoteó ocho latas y una gaseosa. Pero lo vieron, le avisaron a Inés y, cuando volvió a pagarle el fiado, terminó reconociendo el robo y pagó todo lo que se había llevado.



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